Todos los panameños
estamos familiarizados con el problema de las drogas por medio de una o más
experiencias personales. Entre nuestros conocidos, amigos e, incluso, algún
familiar, hay quienes han caído presos de la adicción. El tratamiento de esta
enfermedad es difícil, doloroso y muy costoso.
El Ministerio de
Salud aún no ha podido establecer un programa de tratamiento para las personas
que sufren de la enfermedad. El único programa que tenía fue cerrado hace poco.
La drogadicción no es
una enfermedad nueva. En Panamá el problema tiende a crecer y se plantean
diferentes estrategias para combatir el flagelo. Entre las políticas más
mencionadas para mitigar el problema clínico de las drogas es la educación. Sin
embargo, la inversión en los programas de educación es muy pequeña.
El Observatorio sobre
las Drogas de la Universidad de Panamá es testigo de una presencia mínima de
las distintas instancias del sector Educación en lo relacionado con este
problema. Solo el 5 % del presupuesto global del Gobierno Nacional destinado a
combatir el flagelo de la droga es destinado al sector Educación.
Los programas de
represión de todas las formas asociadas a la producción, consumo y distribución
de las drogas ilícitas han logrado atraer la atención de los gobiernos y de los
sectores financieros. En el caso de Panamá, el 90 % de los recursos destinados
a combatir el flagelo de las drogas es dirigido a la represión.
Según informaciones
que proporcionan los medios de comunicación, las fuerzas armadas panameñas y
sus aparatos de inteligencia han creado equipos sofisticados para detectar los
movimientos de los traficantes de drogas ilícitas en el país. En 2013 Panamá
tuvo un presupuesto de seguridad nacional de $975 millones (6 % del presupuesto
nacional).
Panamá es acusada por
EE. UU. y otros países de ser una plaza especializada en el lavado de dinero
que circula por las redes financieras internacionales en forma ilegal. A menudo
amenaza con tomar medidas punitivas contra el sector bancario panameño por lo
que considera prácticas ilegales.
Según las agencias
norteamericanas que investigan estas irregularidades, el lavado de dinero está
asociado con las actividades de bienes raíces y la construcción, los
establecimientos de juegos de azar y el tráfico de drogas. Calculan que en 2012,
el sistema financiero panameño lavó más de 2000 millones de dólares.
El gobierno
norteamericano se está moviendo hacia la regulación de las drogas que hoy se
consideran ilegales, comenzando con la marihuana. El procurador general de ese
país dio los primeros pasos para comenzar a descriminalizar todo lo relacionado
con el consumo de drogas.
Es probable que más
temprano que tarde en Panamá se seguirá por el mismo camino. Muchas de las
drogas que hoy se consideran ilícitas serán compradas con recetas en las
farmacias, reduciendo los niveles de represión existentes actualmente,
controlando mejor la distribución y poniendo fin al crimen organizado y
reduciendo la población penitenciaria.
Hay que seguir
analizando el problema de las drogas y los estragos que está generando tanto a
nivel de la seguridad nacional como también en el contexto de la seguridad
ciudadana.
Aqui les dejamos una noticia impactante, donde muestra que Panama posee historial con este problema.


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